Ay, ay, ay… la historia interminable


Parece inocente, pero los niños y los libros siempre son subversivos

La vida en Madrid es terriblemente desdichada para una guionista hambrienta como yo que sólo cuenta con chorradas en la cabeza y poco dinero en el bolsillo.

Y vosotros diréis:

“¿Y a mí qué cojones me importa tu sufrimiento? Pues no tengo bastante con que me hayan cancelado el vuelo a Londres con Ryanair la semana pasada por el puto volcán islandés para que me vayas a contar tus gilipolleces. ¡Sácate una oposición, vaga!”

Y la verdad es que tenéis razón (si ignoramos la ironía que planea bajo esa última imprecación. Y por cierto, no hay que ser hiriente, que yo no me he metido con vosotros), pero es que estoy genéticamente programada para huir de la rutina preestablecida, de las pagas extras o de los trabajos de 8 a 15 a pesar de la insistente insistencia de mis progenitores.

En definitiva, soy una oveja negra congénita que, desoyendo los acertados consejos  paternos, abandonó el nido antes de los 30 sin haber dado una entrada para el piso. Y no, no habéis hecho nada mal, mamá.

¿Cómo he llegado a este punto? No es que le culpe, pero creo que todo comenzó con Bastian Baltasar Bux.

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Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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