De cómo mi mundo cambió de espacio-tiempo.


Seguro que ya os imagináis de qué va la cosa

Con 7 años me enamoré por primera vez.

Como habréis notado ya, no era yo una niña que se conformase con cualquier cosa. De modo que es impensable que me interesase cualquier Mocolindo del cole o cualquier Nenuco del barrio.

Yo estaba interesada en cosas más sublimes, entre las cuales no se incluían compartir el danone en la merienda o tirarse de los pelos “porque me has quitado la Barby y voy a decírselo a tu madre o a tu abuela o a cualquier adulto que esté cuidando de ti si no me la devuelves ahora mismo o te vas a enterar y si eso no funciona se lo digo a mi padre que es policía montado del Canadá y es más grande que tu primo el de Zumosol y deja de mirarme con esa cara que parece que tengas 7 años y no estés entendiendo nada de lo que te digo”.

O sea, que yo me enamoré de Regreso al Futuro ¡Loado sea Robert Zemeckis! y (escupitajo al suelo) ¡maldita sea la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas Estadounidense por no darle su Oscar!

¿Qué es mejor que ofrecer todo tu amor incondicional a una obra de ficción tan perfecta en su premisa y desarrollo? NADA. Las obras de ficción perfectas tienen dos características intrínsecas que las hacen valedoras de todo nuestro amor infantil:

1.- Son una ficción. Es decir, no demandan nada más que nuestra incondicional revisión obsesiva.
2.- Siempre son perfectas. Su esencia no se pervierte de forma, manera o modo en nuestro cerebro aún blandito e incapaz de ignorar el punto 1.

Ahhhh, queridos todos. Seguro que ya habéis descubierto (si tenéis la suficiente edad), el elemento oposicional de toda esta dulce historia de amor: estamos en 1985.

En 1985. Hace 25 años. Se masca la tragedia.

La quintaesencia de la ficción de Zemeckis

Todavía no recuperada del terrible shock de no poder conseguir EL LIBRO y con la vana esperanza de que entre “Lo que el viento se llevó” y “Qué bello es vivir” estrenasen “La Historia Interminable”, vuelvo a caer en las despiadadas garras de la ficción perfecta para encontrar que nadie ha inventado todavía la descarga directa, que los videoclubs te hacen esperar meses para volver a ver la deseada pieza y que en mi casa no tenemos reproductor de VHS.

Pero eso es una pijada en comparación con lo que pasó después: olvidé el título de la película.

¿Qué pensabais? ¿Que porque me marcaba esos speeches con los chuletas que me querían robar la Barby no seguía teniendo 7 años? Anda que…

Anuncios

Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
Esta entrada fue publicada en Mi vida en prosa y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s