De cómo abracé la magia negra ( Parte I)


Un año soberbio: "Pesadilla en Elm Street", Madonna y el Boom '85.

La verdad es que 1985 fue un año maravilloso.

Seguro que, para otros guionistas, mediados de los ochenta también fue una época mágica. Sin embargo, nunca he logrado corroborarlo debidamente, puesto que, cuando decides hacerte guionista, pasan cosas extrañas.

Analicemos esto porque es interesante. Y no penséis: “joder con la guionista esta… cuéntame ya lo de cómo abrazaste la magia negra. Cuéntame qué hace una guionista flacucha como tú en un aquelarre como éste, que sólo he empezado a leer por el morbo inherente que se desprende de todo ello”.  A ver, con calma, que me ruborizo sólo de pensar que alguien pueda referirse a mi con el apelativo de “guionista”, y voy a tener que ir a la ventana para que me de el aire y así no voy a terminar nunca.

En fin. Para llegar a ser guionista puedes tomar dos caminos, como en Elige tu propia aventura.

Camino 1: El camino de la sabiduría.

– Entras en una universidad de pago o (¡Dios no lo quiera!), en Comunicación Audiovisual (dejad ya de temblar, corderitos, que sólo ha sido un mal sueño).

– Asistes a una serie indeterminada de clases que minan tu espíritu y te lavan el cerebro, tras lo que te dan una orla que acusará terriblemente el paso del tiempo.

– Como no sabes nada, especialmente sobre escribir un guión, pagas un máster y te haces el gracioso. Eres cool.

– Como eres cool, te contrata un headhunter al salir del Starbucks que han instalado en el Master.

– El primer día de trabajo un mensajero te trae un paquete misterioso a tu mesa. “¿Para mí? No puede ser. Es mi primer día”.

Es el mensajero de Satán. No le abras la puerta... o ábrele si te molan esas cosas.

Camino 2: El camino de la sabiduría de otros.

– Te compras “El guión” de Robert McKee o (¡Dios, no se lo digas a nadie!) “Cómo escribir un guión” de Syd Field (tranquilo, todos hemos pasado por ello).

– Asistes a una serie indeterminada de talleres con guionistas profesionales que te lavan el cerebro para que no les quites el puesto. ¡Tontín, era eso! ¿No ves que eres competencia?

– Como no sabes nada, especialmente sobre escribir un guión, escribes un blog. Eres cool.

– Como eres cool trabajas como barista de un Starbucks que han instalado en el culo del mundo. “Es de cultivo ecológico”, dices, mientras te brillan los dientes.

– El primer día que abres el portátil en la mesa de la cocina, suena tu puerta y un mensajero te trae un paquete misterioso. “¿Para mí? No puede ser. No será a portes debidos, ¿no? Porque si hay que pagar algo no es para mí”.

Seguro que os habéis dado cuenta de que en ambos casos hemos llegado hasta una caja. Y, ¿qué hay en la caja?

Ahhhh… como yo aprendí por el Camino 2, mis maestros (hombres como Buñuel o Hitchcock), me enseñaron que mostrar demasiado pronto no lleva a nada bueno. Así que tendréis que esperar hasta mañana.

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Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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Una respuesta a De cómo abracé la magia negra ( Parte I)

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