De cómo un tipo raro me okupó la casa


Nuestro club es tan exclusivo que no tiene nombre

Ya os he hablado sobre el Hombre de Rojo, pero todavía no os he hablado de mi club. Un error imperdonable. En realidad no os iba a hablar de él, pero mis mejores amigos en el mundo (Robert, Steven y Lawrence –entre otros–), se han empezado a picar. Y eso no se puede ir dejando y dejando, como por ejemplo ir a ver Avatar.

Sí. James también pertenece al club, pero ya no le tenemos tanto respeto como antes.

A veces sucede que entras en el club y empiezas a hacer obras de arte como churros y es inevitable. ¿Quién no ha llorado de emoción con la primera escena de T-2? Vamos, vamos, no seáis mentirosillos. Yo apenas pude dormir la semana anterior al estreno. Y, ¿qué decís de Aliens? Ese hombre lo era todo para mí.

Os voy a contar un secreto. Ridley era del club… Yo no estaba presente, pero me lo han contado fuentes de probadísima confianza.  Parece ser que el Hombre de Rojo le hizo una propuesta ineludible allá por 1978. Yo creo que a finales de los setenta, el Señor Rojo vio potencial en mucha gente y entre otros tanteó a Ridley y a Dan O’Bannon. Para su desgracia sólo Ridley aceptó firmar con la pajita.

¡Maaal!

El Hombre de Rojo debía tener una resaca de mil demonios o no se entiende. No se puede hacer una oferta así a un director sin más. Hay que escribir. Aunque a mí me da igual, ¿eh?, a ver si nos vamos a enemistar con las altas esferas por una tontería.

Total, que Ridley firma y le sale “Alien, el octavo pasajero”, y todos encantados. Que si vente a una barbacoa, que si las llaves del baño VIP, que si ¿conoces a mi hermana? Lo típico.

Luego, hace  “Blade Runner” aprovechando el tirón y toda la gente, probablemente creyendo que había hecho algo parecido a Alien, asiste engañada. “Ridley”, le dijeron en su tiempo, “No has recaudado mucho pero se le ve potencial de clasicazo gafapastero. Firma por los derechos de futuribles montajes del director, dvds, cajas de latón por el 25 aniversario y que te hagan una mala crítica en Cahiers du Cinéma”. Sobre todo lo último.

Y así fue tirando. 9 años.

Hubo remontada, no se le puede negar al muchacho, allá por 1991.  El año de las sinergias. Eso le salvó. Bueno, eso y que el Hombre de Rojo no asimila fácilmente que se haya equivocado. Y otros 9 años hasta “Gladiator”.

Parece ser que en la Sesión de Apertura Anual del Club en el 2000, el Hombre de Rojo le dio una palmadita en la espalda a Ridley y con esa sonrisa agradable que le caracteriza le susurró que si se hacía esperar otros 9 años, le esperaba algo más horrible que la muerte, en la que estaba implicada una pajita extrapuntiaguda, un montón de burocracia y pérdida masiva de sangre arterial.

Ridley hizo “Hannibal” y eso firmó su sentencia de muerte.  Ahora creo que vive de los futuribles de “Blade Runner”.

Pero volvamos a James… Ha tentado a la suerte durante mucho tiempo. En concreto 12 años. Al principio nadie decía nada, porque “Titanic” le gustó mucho al Hombre de Rojo. Le recordaba los buenos tiempos que vivió en 1912. Sin embargo todos le ponían a parir a escondidas y por los pasillos, cada vez que pasaba, se oían risitas o tarareos de “My heart will go on”.

Luego, con el paso de los años, empezaron a hacerle el vacío.

Cada vez que James podía, trataba de explicarse con mucha emoción: “Chicos, estoy preparando algo histórico. Es sobre unos hombres azules altísimos que viven en un planeta precioso. Y luego vienen los humanos que son muy malos y tratan de explotar sus recursos naturales. Claro que todavía no existen los medios tecnológicos para rodar, pero no pasa nada. Y va a ser en 3D… la bomba. Empecé a pensar en lo del 3D cuando ví “La muerte de Freddy”.  Esas cabezas saliendo de la pantalla eran lo más”.

Todos decían: “Claro, claro, James” y salían pitando. Es triste, pero nadie quiere relacionarse con el próximo Ridley Scott.

No os digo nada y os digo todo

Y, ¿a qué ha venido todo esto? Muy fácil. Yo sé de alguien que está siguiendo el camino sin retorno. No miro a nadie pero es un tipo de pelo oscuro y revuelto con gafas negras grandes y piel blancuzca con una mujer hecha a su medida y que está tan grillada como ese alguien.  A ese alguien ya le huele usar los mismos actores en todas sus góticas películas porque parece que es la misma película una y otra vez, y cada vez es más descafeinada. Ese tipo…

¡Ding, dong!

¡Anda! ¿Quién será a estas horas? No espero a nadie.

¡Pero… Tim! ¿Qué haces aquí? ¿Y esas maletas? No… no me lo puedo creer. ¿Helena te ha echado de casa?… Claro, ponte cómodo.

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Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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