De cómo mezclar Crepúsculo y un Todo Incluido


Sí, yo pensaba en ésto...pero la realidad es más aterradora.

He vuelto.

Para todos los que os hayáis fundido recientemente a mi línea de pensamiento cual sándwich de queso pringoso, os diré que soy una guionista famélica.

Nunca he sido una persona muy normal y creo que el anterior párrafo puede dar fe de ello, aunque las cosas se han salido de madre recientemente, cuando me agujereé el dedo y firmé un contrato en sangre con el Señor Rojo para poder alcanzar mi sueño de crear la obra de ficción perfecta… ¡Pero bueno!, tú, ¿qué tienes que decir que sea tan gracioso? ¿Por qué no lo compartes con todos nosotros? ¿Eh? ¿Ahora te ha comido la lengua el gato? ¿Eh?… ¡baneado por gilipollas! Y los demás a callar.

Mirad, acabo de volver de vacaciones y no estoy para chorradas… ya sé que está mal visto decirlo, pero las vacaciones son peor que un maratón de las Supernenas, te estrujan la vida desde dentro y al igual que en las películas de Lars von Trier hacen que pierdas el sentido de toda dignidad y decoro. Luego, en una finta esplendorosa del destino, consiguen que vuelvas suplicante, de rodillas, con la cabeza gacha a por más. Y que les pagues.

Es brillante. Sólo una mente maquiavélica como la del Hombre de Rojo hubiese podido concebir tales torturas ornamentadas con sombrillas de papel y barra libre. Debí haberme dedicado al Turismo en vez de a la escritura. Pero nada. La niña tiene que ser guionista.

Total, que el mismo día 1 de julio y viendo el caos que tenía en casa y que me impedía escribir, mi amigo de rojo me hizo una visita que no tenía nada de cortés. A grandes rasgos, me instaba a terminar ciertos proyectos y encargos punto menos que infernales con esa sonrisa de gato de Cheshire tan suya.

Ceja levantada. Música diegética a todo gas: O Day (Banana Boat Song). Tim, montado sobre un Bitelchús transformado en gusano de arena y gritando: “Yipi-kai-yei”. Grumito sobre la cabeza de Tim, que aprovecha la confusión para tratar de morderle una oreja. Olor a azufre y pedernal por toda la casa. En las manos una escoba, inútil a estas alturas, y grandes gritos que podrían ser o bien de regocijo o bien de cólera asesina tras la puerta de la Sala Misteriosa.

Expectación y cierto resquemor. Oh-oh. Conciencia de ceja levantada al mismísimo Diablo. Oh-ohoh. Ceja bajada.

—¿Te apetece algo de beber? —chillo femeninamente sobre el estruendo.

Caída de pestañas. A estas alturas —me digo—… Puedo tratar de emborracharle y seducirle. Y, si realmente está comprometido con su política de empresa, le molará que haya incurrido en la Soberbia y la Lujuria en menos de 10 segundos.

Pero nada de eso. En un ¡puf! desaparece de mi vista y vuelve a aparecer sobre el Gusano-Bitelchús, uniéndose a la improvisada fiesta.

Toma patada.

Palo de escoba arrojado al suelo con la fuerza de un Match 7. Media vuelta. Apertura de la cavidad bucal solamente comparable a la del escualo de Tiburón, en primer plano y cámara lenta. Pequeños hilos de baba, antiestéticos y pelín psicóticos. Cese de la música diegética y silencio total en el mismo instante en que bramo:

—¡Así no se puede trabajar!

Imaginaos el reverb, los ojos desorbitados y la pinta de chacha que tengo. Si no, el efecto no es el mismo. Ni de lejos.

El Gusano-Bitelchús, Tim, Grumito y el Hombre de Rojo silenciosos y estáticos. Cristalizados en el aire. Sonido de grillos. Tim se da cuenta de que Grumito le ha hincado el diente a su oreja y le da un manotazo que lo tira al suelo. Le acompaña media oreja.

El Señor Rojo chasquea los dedos. Desaparecen mis quiméricos invitados. Todo limpio y brillante como en un anuncio de Tenn. Jamás había visto la tarima así.

—Necesitas unas vacaciones —dice el Señor Rojo, y hace aparecer una maleta de mano frente a mí—. Y una comida decente. El portátil está en la maleta. No vayas a perder el ritmo.

Mirada incrédula. Inmediatamente, ciertas fantasías de un hotel de playa donde remojar mis huesecillos y un buffet libre a la hora del desayuno. Mucha protección solar y antiácido entre mis pertenencias. Aire acondicionado y bikinis de flores. Camareros buenorros y mujeres gordas que no me hagan sombra.

—Invita la casa —dice mientas me saca de mi ensoñación—. Un mes en régimen de Todo Incluido en un resort de montaña. Habitación con cama king size y un pueblecito pintoresco a escasa distancia. No incluye el minibar.

Voy a abrir la boca pero ya no estoy en casa. Me encuentro frente a la entrada de un recinto con una enorme fuente en forma de corazón sangrante y un letrero que dice:

Swan-Cullen-Black Inn.

Posada del Triángulo Amoroso.

No me jodas.

Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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2 respuestas a De cómo mezclar Crepúsculo y un Todo Incluido

  1. Evie dijo:

    De como mezclar crepusculo y un todo incluido.. Nice🙂

  2. Pingback: Beginners | Cambio guión por comida

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