Manual para Guionistas Recientes. Capítulo 2.


Queridos todos:

Ya nos conocemos. Soy Grumito, el dulce y sediento de sangre duendecillo del “Manual para Guionistas Recientes”.

En estos momentos aciagos me dirijo a vosotros con la esperanza de que alguno se apiade de mi barriguita hambrienta y se deje mordisquear alguna parte blanda de vuestra anatomía… casi no lo vais a notar. Lo prometo. Un visto y no visto.

¡Oh! Pero, ¿qué digo? He llegado a un punto lamentable desde que la taimada y sugestiva Guionista Famélica, una muchacha a la que no se puede sacar ni una gota de sangre ilegítima y de la que seguramente, si mordiese de forma inadecuada, recibiría algo más que una reclusión forzosa en este libro polvoriento, conspiró contra mis alegres colegas de juerga y me devolvió al Manual dejando estos dientecitos afilados míos de nuevo en la más absoluta de las inaniciones.

¡Maldito y fascinante saco de huesos! No puedo dejar de pensar en que si estuviese aquí pasaríamos las hojas del Manual juntos y nos burlaríamos de los clichés de género cómo sólo dos verdaderos guionistas saben. ¡O Fortuna, velut luna, statu variabilis! y todas esas mierdas. Estoy harto de ser una marioneta del destino… ¿demasiado drama para vosotros?

Tengo hambre. Eso es lo que pasa. Y esa chacha del Demonio está en un hotel con buffet libre. Lo único que me anima es que no va a ligar nada de nada.

¡A ver! Que no es que me importe que ligue o que deje de ligar, pero creo que ese sitio es sólo para gente sin pulso o con pelo en la espalda… si es que te van esa clase de cosas. Además tienen una estricta clasificación por edades y si pasas de los 17 estás condenado al ostracismo. No hay que darle muchas vueltas, está relacionado con las hormonas.

¡Atronadora y pérfida risa! Espero que vuelva más gorda, porque lo que está claro es que ya no huele como carne adolescente.

Pasemos página.

Creo que no puedo dejar de contaros algo relacionado con el título, así que ahí va.

Capítulo 2: El primer acto. Y no. No es lo que pensáis.

Como ya habréis imaginado, este capítulo es sobre el fascinante universo del principio de una obra dramática.

Vamos, el acertadamente llamado PRIMER ACTO para los que os queréis tirar el folio con alguna chavala. Yo prefiero ACTO I, pero es puro esnobismo.

NORMA Nº2: EN EL PRIMER ACTO EMPIEZAS ABURRIDO VIENDO LA TELE, TE LLAMAN POR TELÉFONO Y AL FINAL RESULTA QUE AUNQUE NI TÚ MISMO ESTABAS AL TANTO, EL RESTO DEL MUNDO SABE QUE ERES UN ESPÍA RUSO QUE IBAS A MATAR AL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS, POR LO QUE SE HACE DIFÍCIL QUE VUELVAS SABOREAR EL PLACER DE ABURRIRTE FRENTE A LA TELE.

Puedo imaginarme vuestras caras confundidas por todo este despliegue de acción. Seré más específico.

Al principio de todo buen primer acto, la vida no tiene sentido:

Te levantas para trabajar a las ocho de la mañana, soportas la cháchara intrascendente de tus colegas en el curro, comes, te escaqueas del trabajo media hora antes porque te tienes que ir al médico, un cafelito a media tarde con algún/a petardo/a a quien te quieres tirar, depilación brasileña en la intimidad de tu baño, cena con litros de vino para soportar tu miserable y solitaria existencia y pensamientos depresivos antes de dormir deseando suicidarte

O

Te levantas por la mañana con la alegría de vivir propia de un segador de almas, afilas tus cuchillos de carnicero, planeas los movimientos de esa estrella de cine con la que llevas saliendo hace un año pero que misteriosamente no se anima a hacer público lo vuestro, la acechas de forma cariñosa aunque decididamente perturbadora mientras te comes un sándwich y te haces pipí en los pañales (no vaya a ser que salga de casa mientras vas al baño), anotas todos sus movimientos y al final de cada uno pintas un corazón, vuelves a casa para una limpieza de culito con talco en la intimidad de tu baño, cenas carne cruda de tu última víctima y te vas a la cama soñando con un próximo y deslumbrante día de acoso después de rezar un “Jesusito de mi vida”.

Lo pilláis, ¿no? Sea lo que sea que haga nuestro protagonista, ese es su mundo. A lo mejor nuestro oficinista es infeliz con su trabajo de mierda o nuestro asesino ya no soporta que se le ponga rojo el trasero, pero ¡qué bien se está haciendo lo que hacemos siempre!

Así que hay que forzarle a que haga algo. Eso es cosa nuestra.

En cuanto ya sabemos de qué va la vida de nuestro personaje, hay que darle una patada para que deje de hacer lo que se supone que le mola más. No tiene que ser gran cosa, no vamos a poner la carne en el asador a la primera de cambio, pero tiene que dejarnos ver que el personaje se encuentra expuesto a algo inusual. Por ejemplo:

Nuestro oficinista está haciendo una presentación para sus superiores. Hablan sobre el crecimiento del PIB, del IPC, del ZZ-Top, de las previsiones de la evolución del sector agropecuario en el medio oeste ucraniano y de las grandes ventajas del uso de valores seguros en la inversión a largo plazo (por ahora todo bastante acorde a la mierda de vida que hemos visto que tiene, ¿no?). De repente entra una secretaria en la sala de reuniones y, con gran revuelo, le dice al oficinista que tiene que acompañarla: “Señor García, hay una llamada urgente para usted. Su mujer ha tenido un accidente de tráfico muy grave y está en el hospital”

¿¿¡¡EH!!??

Nuestro oficinista sabe y nosotros sabemos que no está casado. Que pone velas al mismísimo diablo para echar un polvo y que la única mujer a la que ha estado unido últimamente es una muñeca hinchable. ¡Qué encantadora forma de comenzar una historia de amor! ¿No os parece?

O

Nuestro acosador está haciendo lo de cada día apostado cerca de los cubos de basura de su amada. Comienza la mañana hurgando entre sus ex-pertenencias y valorando su dieta. Hoy hay poca fibra entre los residuos orgánicos o ya le dije yo que no debía comprar ese Papá Noel musical… lo barato sale caro (por ahora todo bastante acorde a la mierda de vida que hemos visto que tiene, ¿no?). De repente nota una sombra a su espalda. Son dos mujeres sonrientes e inquietantes que carecen de cualquier tipo de buen gusto en materia de moda y que no van maquilladas. Nuestro hombre siente un escalofrío que le eriza los pelos de la espalda, le da gracias a Dios por tener una prometida tan cañón y eleva una plegaria al cielo para que aleje de él a este par de bigotudas: “Señor Acosador. ¿Conoce usted la palabra de Dios, Nuestro Salvador y de Su Hijo, Jesucristo? ¿No le gustaría arrepentirse de sus pecados y realizar una vigilia de ayuno y flagelación para alejar a Satanás de su vida?”

¿¿¡¡EH!!??

Nuestro asesino-caníbal sabe y nosotros sabemos que él cree que cuenta con la aprobación de Dios y que este par de cejijuntas e incómodas mujerzuelas son un escollo en su camino hacia la consumación de su relación con la estrella de cine.

Pues muy bien.

Algo les ha pasado a nuestros alegres personajes. Claro. Si no, estaríamos en “Cementerio TV”. Y por eso la gente no paga una entrada de cine.

¿Qué harán? ¿Qué no harán? Está claro que todos tendemos a hacer lo mínimo para solventar cualquier situación. Queremos volver a lo que estábamos haciendo antes de que la secretaria entrase por la puerta o de que esas mujeres sermoneasen al psicópata. Pero eso es imposible. No va a ocurrir. Lo que el espectador quiere es un tiovivo de sensaciones y una montaña rusa de acciones. Y nosotros se lo vamos a dar.

EN EL INCIDENTE DESENCADENANTE EL PERSONAJE PUEDE ZAFARSE DE LA SECRETARIA O DE LAS MORMONAS Y VOLVER A SU EXISTENCIA CÓMODA, PERO HAY QUE EVITARLO. DE ESO VA UN GUIÓN.

Olvidemos a nuestros inadaptados amigos por un momento para recordaros que hay que avanzar. Los minutos corren y, después de decidir qué hacer con el marrón que les ha venido encima, los personajes siguen con su objetivo en la cabeza. Lograr el amor verdadero con la ley del mínimo esfuerzo.

Eso nos llevará hacia el PRIMER NUDO, donde el personaje se introducirá en el conflicto de modo que ya es imposible que vuelva a la normalidad de su vida.  Si os surge la duda, la pregunta que os debéis hacer es la siguiente:

¿MI PERSONAJE PUEDE DEJARLO TODO Y SEGUIR COMO ANTES?

Si la respuesta es SÍ, ya estáis tirándolo a la basura.

Si la respuesta es NO, avanzando que es gerundio.

Por ejemplo, digamos que a nuestro oficinista, después de negarse a ir al hospital aduciendo que está soltero, la policía le visita y se lo lleva para interrogarle. Tienen pruebas de que de hecho la mujer accidentada es su mujer. Papeles del registro civil con la firma de ambos lo confirman. Lo acosan porque no entienden que se niegue a aceptar los hechos. El oficinista podría contratar a un abogado y de hecho lo hace, pero su caso es difícil porque se desvela que tienen un as en la manga, una nota que llevaba encima la mujer, y que, si ella no se recupera para asegurar que él no es su marido, el futuro es muy oscuro. Pues bien, la mujer muere y se expone el contenido del papel misterioso: el hombre la había amenazado de muerte y la mujer llevaba un papel siempre con ella para que todas las miradas se centrasen en nuestro pobre diablo si a ella la pasaba algo.

¿Mi personaje puede dejarlo todo y volver a su reunión trimestral? YA TE DIGO QUE NO.

¿Interesante? Puede que sí o puede que no, eso dependerá del segundo acto. Pero eso será en otro momento.

Capítulos anteriores del Manual

Manual para Guionistas Recientes. Capítulo 1

Manual para Guionistas Recientes. Presentación

Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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3 respuestas a Manual para Guionistas Recientes. Capítulo 2.

  1. Toño dijo:

    En relación a tu anterior entrada, no soporto Ceprúsculo (sic), y menos aún todo el marketing que lleva consigo. Me son tan odiados como el logotipo de Hello Kitty o el reguetón. Lo peor es que lo parodiarán en su momento y los yankis esbozarán esa sonrisa de “mira mamá, sin manos”.

    Agggg. No entiendo que ese engendro (no porque dé miedo, sino por lo malo que es) tenga tanto seguimiento. Prefiero no pensar en cómo son esos ladrillos con los que se ha forrado la señorita Meyer. Misterios insondables del marketing.

    Siguiendo con la aportación de Grumito, a riesgo que me muerda, me ha gustado mucho su nueva aclaración e inicio de esa pequeña historia, que no se sabe muy bien porqué, pero que quieres escribir. Esperaré nuevas entregas de gourmet! 😉

    Saludos, sigue así

    • Hola Toño:
      Hay un dicho en mi pueblo: el humor es el mejor catalizador social. Seguro que estarás de acuerdo conmigo.
      Mi problema es que que todavía no he dado con el punto del humor negro, me quedo en el molesto. Creo que no soy lo suficientemente corrosiva… ¡qué le vamos a hacer!
      De todas formas, gracias por tu comentario. Nadie sabe cómo acabará ésto, es como un capítulo de Lost: dulce, picante, misterioso, emotivo y sin fondo ni forma alguna. Aunque nadie lo sabrá hasta que haya perdido años y años de su valiosa existencia.
      Sigue conmigo, te decepcionaré al final, pero mientras tanto ¡qué gustazo!
      Saludos
      La Guionista Famélica

  2. Como veo que hace falta un poco de pedantería, aquí la aporto yo, permitídmelo: El desencadenante de la historia puede ser incidentes que ocurran, como en los dos ejemplos del psicópata meapilas y del oficinista pajillero. Pero hay otro tipo de desencadenante: la oportunidad. El oficinista puede estar harto de insinuarle al jefe que le ascienda, pero un día el jefe le ofrece la oportunidad de, en vez de ascender, trasladarse a un departamento diferente donde estará rodeado de modelos femeninas. O el psicópata-carnívoro puede encontrar en la basura fotos de la estrella de cine haciendo fechorías vergonzantes de forma que tiene la oportunidad de chantajearla, hacerla su esclava personal y conseguir que la actriz se convierta al catolicismo duro pre-Vaticano II.

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