Escalofrío (Frailty)


¡Hey! No, tranquilos. No me he resfriado, ni sufro una de esas tiritonas propias de las fiebres altas que seguramente creáis que padezco cuando escribo estos post… aunque ya va empezando a hacer frío y por aquí la calefacción no funciona, así que… pero no nos desviemos del tema.

“Escalofrío” no es un síntoma catarral de los que se nos avecinan en los próximos meses, sino una película de esas que nadie se acuerda pero que merecen un post de La Guionista Famélica.

El secreto de por qué nadie se acuerda de ella es muy sencillo: nadie quiere ver una película que, desde el título, te ofrece diversas experiencias negativas. Y eso es un problema si quieres que alguien vaya a ver tu película, vamos, digo yo.

Adentrémonos en la cabeza de un par de tortolitos. Estamos en el 2001. España. Internet sólo sirve para que los estudiantes universitarios ligoteen de un edificio de facultades a otro. Lycos empieza a abandonar su reinado por Google y todos nos matamos por una tarifa plana de eresmás de 18:00 a 8:00 a 56 Kbps por 3.016 pesetas, o sea que mejor miramos el periódico, ¿que no?

— Bueno, ¿vamos a ir al cine esta tarde o no?

— Hummm… no sé, ¿hay algo bueno?

— Pues no sé… puedes esperar a que sean las seis y buscar en el Lycos la cartelera, aunque si hay imágenes la hemos cagado, o nos vamos a tomar un café y pedimos el periódico en el bar.

— Espera, creo que mi abuelo se ha dejado la Gaceta de la Mañana cuando ha venido antes…míralo mientras descomprimo un mp3 con el Winzip, que sólo me quedan dos diskettes.

— A ver, varias pelis: Moulin Rouge, Los Otros, Shrek, Amelie, Escalofrío…

— ¿Escalofrío? Vaya nombre, seguro que va de montañistas perdidos en una ventisca.

— Pues a mí me suena más como a miedo. Escalofríos de terror.

— Bueno, es una pena que no tengamos referencias. Creo que a la de Moulin Rouge la ponían bien en el Imágenes de Actualidad.

— No me llevarás a ver ningún bodrio, ¿no?

— Tranquilo, te va a encantar. Va sobre un puticlub francés.

— Ah, perfecto. Eres la novia ideal.

Total, que, en ausencia de Internet, la gente se fiaba en este orden por:

1.- El nombre

2.- Las recomendaciones

3.- Las revistas especializadas

Así que “Escalofrío” no tuvo ninguna posibilidad.

PUES MUY MAL.

¿No estáis hartos de que los nombres de las películas se traduzcan tan pésimamente? Yo sí.

El verdadero nombre de la película que estamos tratando es “Frailty”, que se traduciría como “Flaqueza”, que, si bien en español podría confundir al más avezado espectador con una película sobre el hambre en Etiopía, en inglés se entiende estupendamente como la flaqueza del alma humana o la debilidad de carácter.

La escribió Brent Hanley y la dirigió y protagonizó Bill Paxton. Su principal tirón a nivel comercial consistía en la aparición de Matthew McConaughey, un tipo que a mí, particularmente no me interesa nada de nada, pero que por aquellos tiempos había participado en cosas interesantes, como “Tiempo de matar” y “Contact”, y se estaba preparando para convertirse en el novio de América, bronceado y musculoso, con mierdas tales como “Planes de Boda” o “Cómo perder a un chico en 10 días”.

Pero olvidemos a Mr. Ken, porque en esta peli no enseña pecholobo. En esta peli más bien se retrata un estilo de vida de la América profunda que da escalofríos, y que podría, gracias a eso, salvar la traducción de su nombre español.

Una cosa que a mí, como guionista famélica que soy, me interesa saber sobre las personas que han escrito algo que me gusta, es cómo llegó a la idea de su historia. Brent Hanley, en una entrevista lo explicó a las mil maravillas. Es totalmente autobiográfica.

Da un poco de miedo un tipo que dice cosas tan serias, pero lo cierto es que nació y vivió en Texas, en el llamado “Cinturón Bíblico”. Fue criado mayormente en la iglesia junto a su abuelita baptista, teniendo como mejor amiga a una vieja Biblia que ojeaba en el oscuro asiento de atrás de su templo, llenando su tierna cabeza de las hermosas historias del Antiguo Testamento.

A mí me vienen a la cabeza poblachos llenos de basura blanca y de niños que se comen los mocos en los arcenes, paletos de los de camiseta de tirantes y dientes negros con rifles de la época de la Secesión y cruces ardientes para la barbacoa.

Seamos serios. Con esta infancia, cualquier cosa le hubiese salido bordada. Arte en estado puro. Y así fue.

No me gustaría deciros mucho más, pero ahí va:

Un hombre, Fenton Meeks (Mathew McConaughey), se presenta en la oficina del FBI que está investigando el caso de un asesino en serie con connotaciones religiosas diciendo que su hermano, Adam, es el “Asesino de la mano de Dios” y que se ha suicidado.  Él ha robado su cuerpo porque quiere enterrarlo en un sitio especial que habían acordado desde niños (¡¡¿¿qué clase de niños acuerdan dónde enterrarse??!!). Según explica, su hermano creía que hacía el trabajo de Dios matando a los demonios que habitan este mundo.

El tipo del FBI no se cree nada de lo que le dice, así que Fenton empieza a explicar la historia por la cual Adam y él se vieron inmersos en tamaña saga bíblica.

Como ya habréis podido imaginar, la película se asienta sobre un gran flashback pero de esos que están bien hechos y que ayudan al espectador a entender los motivos y las razones de los protagonistas con acciones bien desarrolladas. Así es como llegamos a descubrir a una familia perfecta, amorosa y creyente.

Bill Paxton (actualmente en la absorbente “Big Love”), además de dirigir, también es la piedra angular de la historia del flashback y actúa en el papel de padre de Adam y Fenton. Un hombre atrapado por la fe que trata de hacer lo mejor para sus hijos al tiempo que alabar al Señor.

Pero, sin duda, el verdadero protagonista es el joven Fenton Meeks (Matt O’Leary), un niño responsabe, maduro y racional que ve peligrar su tranquila existencia con la llegada de una revelación poco menos que inquietante y que lo sume en una pesadilla de la que no parece posible despertar.

La historia que nos narra Brent Hanley trata de la fe frente a la razón, aunque también va de la confianza de los hijos en sus padres. De hasta qué punto los hijos tienen que tomar las decisiones que consideran correctas alejándose de la seguridad que supone aceptar sin más los criterios de los adultos y las consecuencias que ello conlleva.

Sin embargo, no os daréis cuenta de nada de esto hasta que se acabe la película porque sólo una mente criada en lo más profundo del sur baptista podría crear un bocado tan singular con una envoltura tan atractiva que os dejará temblando.

PD: Esta pequeña obra de arte sólo se disfruta con la luz apagada, no seáis miedicas.

Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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