Carne de Oscar 2011: La Red Social


El hombrecillo dorado más deseado

Queridos niños y niñas: los Oscar ya están aquí.

Sé que no es más que una fiesta para lamerse los culos los unos a los otros y esa clase de cosas que a los americanos les gusta hacer en público, pero a pesar de todo, es genial olvidar el cinismo por un rato y volverme absolutamente superficial.

No sé otros guionistas, porque a estas alturas es de conocimiento público que los guionistas no nos comunicamos entre nosotros, pero a mí particularmente me fascina la noche de los Oscar y es lamentable ver cómo nos esforzamos en los Goya para que parezcan algo digerible y con estilo.

No es que no tengamos capacidad para hacer una buena gala, es que no tenemos gusto para llegarles a la suela de los zapatos. Es una pena, pero ellos lo hacen todo mejor. Cuanto antes lo asimilemos, antes empezaremos a salir de esta autocompasión en la que estamos inmersos.

“Ahhh… Los Oscar” dijo ella con reflexión soñadora. Todos tenemos en la cabeza los Oscar cuando no hay más que una semilla de guionista, director o actor en nuestras cabezas y apenas somos capaces de alcanzar el inodoro o atarnos los zapatos. Espera… no es eso. Es que los Goya ni tan siquiera existían cuando yo era pequeña, así que no había referencia española que me rondase por la cabeza. No pasa nada, tampoco importaba que existiese o no, porque los Oscar son lo único que importa en este mundo.

Lo admito. Cuando yo era pequeña quería ser actriz, como todas las niñas. Yo no era de las que quieren ser bailarinas de ballet, aunque lo intenté. Es una fase que hay que pasar, ¿no? Es lo mismo que cuando los niños decían que querían ser bomberos o astronautas. La diferencia es que no se puede mandar a nadie a una escuela de astronautas con seis años y a una escuela de ballet sí.

¡Malditos maillots ajustados!

De todas formas mi fase de actriz cedió pronto. Después de mi truncada carrera como Rosalinda en “Rosalinda y el Dragón”. Una épica historia de amor y raptos que lamentablemente nunca llegó a ser interpretada con público debido a recortes de presupuesto. Desde entonces, fui consciente de que tenía que buscar un arte en el que el dinero no fuese un obstáculo para alcanzar el reconocimiento de familiares y amigos. A día de hoy ese es el único reconocimiento que estos pobres huesecillos atesoran, pero bueno…para menos da una piedra.

Vamos, el facebook mismamente

Pero a lo que íbamos: los Oscar. Yo sabía que el cine era algo guay. Actriz o no, los Oscar eran la imagen accesible de un Olimpo de glamour y reconocimiento que yo ansiaba por encima de todo. ¡Maldición! Creo que aprendí inglés con el único objetivo de no tener que escuchar la gala con esa terrible traducción simultánea que me aguó la recogida del galardón de Anna Paquin en el 93: “Qué mona está…y tan azul” dijo la locutora de turno. Hay que tener huevos para meter ese pedazo de apreciación personal.

Varios años después, con un perfecto inglés y una bien pagada conexión a Canal Plus, la cosa estaba clara. Nada de actriz, lo que tenía que ser era guionista. Y ahora que lo soy, veo tan lejano Los Ángeles y bien visto, la gala de los Goya, que igualmente podría ser una ameba en lo más profundo del océano primigenio.

Sin embargo, no hay que cejar. Como ya me dijo alguien en una ocasión: “Mira la Penélope. De pequeña cogía un bote de champú y se imaginaba recogiendo un Oscar”… No te jode, como si no lo hiciese cada vez que me lavo el pelo. Treinta y dos putos años lavándome la cabeza y ni por esas.

Y hablando de lavarse la cabeza… ayer vi “La Red Social”. Lavarse la cabeza y “La Red Social” tienen mucho en común desde mi punto de vista. Hoy me he lavado la cabeza y lo más probable es que publique este post en el facebook, lo que hace totalmente compatible este pensamiento aunque parezca forzado.

“La Red Social” está nominada en muchas categorías, pero la única que me importa es la de mejor guión adaptado. Aaron Sorkin es el maestro que ha dado forma a esta metáfora de la vida y ya ha recibido el Globo de Oro, antesala de la gran ocasión como todo el mundo sabe.

La categoría de mejor guión adaptado es raruna: meten adaptaciones, secuelas, biopics y remakes como si el esfuerzo del guionista fuese menor que el de mejor guión original. Como si el que alguien ya hubiese vivido su propia vida supusiese que el guionista entra en otra categoría diferente de escritura porque lo tiene mascado. Bueno, no nos vamos a quejar, así hay dos premios y a más toca. Aunque igualmente me parece extraño.

Aaron Sorkin recogiendo su Golden Globe

Centrándome en “La Red Social” os diré que me gustó mucho. Aunque claro, no te queda más remedio que pensar que Mark Zuckerberg es un mamón de aúpa y que desearías cerrar tu cuenta en facebook si eso fuese posible… y ahí reside la belleza de esta película: que aunque sabes que acaba bien para él, puedes regodearte en que el dinero no da la felicidad y esas gilipolleces que se suele pensar cuando se es un mediocre.

Aaron, que barruntaba a Oscar desde hace meses (ya Carlton Cuse avanzó que era un guión impresionante cuando vino a Madrid en octubre), cuando recogió el Globo tuvo la delicadeza de decir en su discurso lo siguiente

“Si está viendo ésto, quiero decir a Mark Zuckerberg, que el personaje de Rooney Mara hace una predicción al principio de la película, pero estaba equivocada. Te has convertido en un gran empresario, un visionario y un increíble filántropo”

Ya, ya. De ganador a ganador, ¿no?

¿Pensabais que iba a hacer una crítica en toda regla?

Ahí va: “La Red Social”, basada en la vida del creador de facebook es una fría acumulación de hechos y vivencias que apenas aporta nada a la historia del cine. El guionista, toma la excusa de unas muy justificadas demandas interpuestas al protagonista, para articular un discurso del que desde el principio conocemos su final. La sucesión de eventos acaecidos al protagonista no interesan porque no nos sentimos identificados con él, sino que más bien tendemos a odiarle desde la primera línea de diálogo. En definitiva, sentimos que esta historia que habla del éxito de un mito y el fracaso de un hombre es una simple anécdota que nos deja tan impasibles al principio como al final de la misma.

Vale. Ese es mi lóbulo temporal izquierdo.

El derecho me dice que todo eso se puede ir a la mierda porque jamás ha visto unos diálogos tan brillantes, un control más absoluto de la estructura y una capacidad mayor para mantener el interés con algo que realmente no tiene nada que contar. Porque todo lo anterior es verdad, pero en manos de Aaron Sorkin, creador de “El ala oeste de la Casa Blanca” o “Algunos Hombres buenos”, merece un Oscar como una catedral.

Y eso es todo. Aunque a mí, Toy Story 3, me parece un crack. Que quede claro.

ACTUALIZACIÓN: Aaron Sorkin, Oscar al mejor guión adaptado. Y Toy Story 3 Oscar a la mejor película de animación. Me encanta acertar.

La Guionista Famélica habla sobre Seven. También de David Fincher

Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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2 respuestas a Carne de Oscar 2011: La Red Social

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