Un final de película


Con este título y después del tiempo sabático que me he tomado para hacer cosas que os pondrían los pelos de punta, podríais pensar que he decidido abandonar esta vida de hambre y desdicha para dedicarme a cuestiones más lucrativas.

¡Pues no! ¡Jamás!

La Guionista Famélica es inmune al desaliento. Seguirá escribiendo mientras le quede una débil caloría que mueva sus deditos huesudos hasta el teclado del ordenador. Eso no quita para otras cosas… ¿eh? que las escritoras también necesitan un descansito de cuando en cuando.

Total, que no os voy a hablar de un final de los malos, sino de los buenos. Porque hay finales que a mí, particularmente, me gustan tanto que me olvido del resto.

No quiero ser agorera, pero ese barco no parece muy estable

Seamos sinceros, comentar el final de las películas o de las series no ayuda a ser el alma de la fiesta… si es que sois de esos débiles que anteponen a las personas sobre el arte. Sin embargo, yo vivo a tope. Me gustan las emociones fuertes y no le tengo miedo a nada. Por ejemplo, recuerdo que no le tuve miedo a una pija que me lanzó su melena despectivamente cuando le conté que “Titanic” tenía poco misterio porque acababa hundido. Fue todo un drama pero me sobrepuse… lo sé, lo sé, hay ciertas cosas con las que no se puede jugar y una de ellas es Leonardo DiCaprio. Pero ya os he dicho que lo mío es estar ahí, a tope.

Pero no nos desviemos del tema. Si estáis buscando una lista de los finales más memorables en formato top ten estilo “Bueno, nadie es perfecto” o “Francamente, querida, me importa un bledo” no estáis en el lugar adecuado. Podría ser que alguna vez me diese por ahí, pero ¿para qué hacer cosas que ya ha hecho todo el mundo? Como guionista de desbordante belleza y creatividad me siento en la obligación de ofrecer cosas menos típicas.

Así que preparados… listos… ya…

Monty paseando a Doyle

La última noche (The 25th hour)

Dirigida por Spike Lee y escrita por David Benioff (basada en su novela homónima). Se puede decir con total tranquilidad que el final de “La última noche” es uno de los más hermosos y elegantes de la historia del cine. No sé si le pasa a todo el mundo, pero mantengo una relación de amor-odio con Spike Lee. Le amo cuando hace de director y le odio cuando hace de guionista. La mezcla de ambas facetas casi nunca me gusta. Supongo que es porque no soy negra ni neoyorkina. Y aunque sea un director-guionista occidental, cuando trata temas tan locales, por lo que a mi respecta, podría estar viendo una obra de arte y ensayo ucraniana. Sin embargo, “La última noche” la ha escrito otra persona, David Benioff, un muchacho que empezó como profesor de literatura y acabó escribiendo cosas como “Troya” o “X-men: Lobezno” (si queremos desprestigiarle) o “Juego de Tronos. La serie” o “Brothers” (si queremos darle un voto de confianza).

Spike Lee, con cara de circunstancias.

Esto es interesante y merece un momento de reflexión. ¿Qué es lo que hace que una persona escriba cosas como “La última noche” y luego escriba “Troya”? Porque, a ver, ¿¡habéis visto “Troya”!?… pues si no la habéis visto tenéis suerte de mantener los ojos dentro de las órbitas. No es que muchas personas se lean “La Iliada” por placer, pero yo soy una de ellas y recuerdo que cuando vi “Troya” pensé que “Los diez mandamientos” de Cecil B. DeMille me divirtió mucho más. Una pena, porque la mezcla Wolfgang Petersen y David Benioff prometía lo suyo. Total, que no todo el mundo está preparado para escribir épica bélica histórica. Y a esto es a lo que iba. ¿Escribir cosas que no se te dan bien y hacer una mediocridad o dedicarte exclusivamente a un tema que te sale bien?

Es un dilema acojonante.

David Benioff, con patillas de Lobezno

Con un poco de información quizá la cosa tenga más sentido. Veamos. La filmografía de David Benioff no es muy extensa y ya os he dicho que era profesor. Entre clase y clase se dedicó a escribir su primera novela “The 25th hour”, que, obviamente, tuvo muy buena acogida, le pidieron que hiciese el guión y rodaron una película. Después de eso ya no te vas a volver a dar clases, ¿no? Yo me agarraría a cualquier cosa para lanzar a esos pequeños cócteles molotov de hormonas a lo más profundo del abismo de Helm. ¿Que me dicen que escriba una adaptación de Homero? ¡Pues claro que sí! ¡Como si me dices que adapte la frase de una pegatina!

La proverbiales piernas de Aquiles

Vaya, que ya nos entendemos, ¿no? Y salió mal. ¿Por qué? Porque “La última noche” es un drama intimista y en “Troya” lo más intimista de la película son las pantorrillas de Brad Pitt.

¿Que si debió hacerlo? ¡Sí! Claro que sí. La reputación no importa tanto. De hecho, ¿alguno de vosotros sabía como se llamaba el guionista de alguna de estas películas? ¡NO! Pues eso. La mierda se la comen los directores. Los guionistas pueden decir que el director cambió el guión si resulta un fiasco y, si es un bombazo, quien se tiene que enterar ya se ha enterado.

Total, que David hace lo que le da la gana y a mí me gusta más cuando hace dramas intimistas (a falta de ver “Juego de Tronos”, eso sí). Para muestra, echad un vistazo a “Brothers”.

Pero volvamos al final de “La última noche”. Es un final marcado por un estilo de dirección. No he leído la novela, así que no puedo asegurar que no se trate todo lo contrario y que lo que marque la dirección sea el estilo narrativo de la novela. Pero es igual. La cuestión es que no es una película muy común.

Edward Norton, Philip Seymour Hoffman y Barry Pepper.

Narra las últimas horas antes de entrar en prisión de Monty Brogan, un narcotraficante de Nueva York condenado a siete años por posesión de drogas. Monty está interpretado por Edward Norton y se encargan de que caiga bien desde el principio. Para tratarse de un tema que en manos de otro podría haber dado lugar a una masacre de tres pares, en manos de Spike y David nos encontramos con un desarrollo minimalista y una trama de gran contención centrada en las dudas del protagonista acerca de la traición.

Sin embargo, no hay que dejarse engañar. Debajo de toda esa aparente falta de acción bulle una fuerte violencia. Violencia de pensamiento y de actitud, de agresión pasiva, de ruptura de clichés y de pérdida. No es coincidencia que toda la película esté marcada con una tristeza profunda fruto de los atentados del 11-S y que la cicatriz dejada por el World Trade Center se exponga de una forma tan manifiesta y al tiempo tan casual.

“La última noche” es una película brutal y terminar una película así es muy difícil. Queremos al personaje. Sabemos que nos han manipulado para que le queramos. Sabemos que merece ir a la cárcel pero no queremos verlo. Queremos que huya y sea libre en su infelicidad. Alejado de Nueva York, el centro de su universo.

Y eso es lo que nos dan… pero, ¡cómo nos lo dan!

Una verdadera obra de arte.

Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
Esta entrada fue publicada en Películas y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Un final de película

  1. Anónimo dijo:

    Que ganas tenía de que regresara usted. Me lanzo de cabeza al videoclub a buscar la película.
    Siempre suyo.

  2. ¡Hola Anónimo!
    Me encanta que los simples mortales me demuestren tanto respeto, pero por ser quien seas, te permito que me trates de tú. “Usted” siempre me recuerda a mi bisabuela. No a mi madre, que todavía es joven y lozana y mucho menos a mi abuelita, a la que dediqué un post ya que es eternamente joven gracias a los extraterrestres.
    Saludos famélicos,
    LGF

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s