El primer guión


Un poco pasado de moda, pero bohemio.

Queridos niños y niñas que os disponéis a leer esto con la ligera aunque expectante sospecha de que podría tratarse de algo útil, un faro de sabiduría entre tanta oscuridad… ¿acaso no sabéis quien soy? ¡maldita sea! ¿la gente no aprende o cómo va la cosa?

Soy La Guionista Famélica… eso debería decir algo de mí y de mi falta de éxito en la vida. Así que por vuestro propio bien, no os hagáis ilusiones pero seguid leyendo porque una cosa es tener éxito y otra muy distinta escribir guiones.

Claro que no tenéis por qué fiaros de mí. Simplemente id a la cola del paro y preguntad. Aleatoriamente, con calma, no me muevo de aquí… pero si no os apetece, tranquilos. Os he hecho un estudio exhaustivo sobre el tema.

A la pregunta “¿Es usted guionista?” en la fila para renovar la prestación:

– Un 65% de personas con los cascos del ipod puestos, sonrieron y dijeron: “No, gracias”

– Un 30% me susurraron al oído que dirían que sí por una propinilla.

– Un 4% me confundió con un funcionario público y trataron de prenderme fuego.

– Del 1% restante no estoy preparada para hablar. Es demasiado duro.

En definitiva, ¿este ejercicio de empirismo científico trata de decirnos que no hay guionistas en paro?

Claro.

Porque ser guionista no es una profesión. Es un hobbie. Todo el mundo lo sabe.

Hay personas que coleccionan envoltorios de chocolatinas victorianas, otros,  libros antiguos de brujería, algunos, reliquias incorruptas de santos… hay gente para todo ¿no? El expolio es rentable y aunar ocio y negocio es tentador.

Luego están los que hacen cosas, como casitas de mazapán en medio del bosque o corte y confección con piel humana. Admito que son hobbies minoritarios pero ¿acaso les pagaban? ¡No!, son personas que hacen algo sólo por vocación. Pues eso.

Beware! El gnomo malvado acechando

Total, que los guionistas aunamos estas dos grandes disciplinas: hacemos guiones y luego los coleccionamos. Los guardamos en un cajón para acariciarlos de vez en cuando. Eso sí, bien registrados. No sea que el gnomo malvado que acecha por la noche nuestro despacho sea capaz de venderlo antes que nosotros.

Sin embargo, encantadores corderitos, para entrar en el grupo de los atenazados por la alargada sombra del terrorífico ladrón de ideas, primero hay que tener una. Y luego convertirla en un guión. Vamos, que si sois de los que creéis que el bachillerato fue mazo de duro y que los sketches de los Monthy Python a ti te saldrían con la minga, este hobbie no es para ti… ¡Eh! ¡mira, tron, subwoofers para tunear el buga al 50%!

Ahora que nos hemos quitado de encima a esos canis con ínfulas, podemos seguir adelante.

MI PRIMER GUIÓN – DO IT YOURSELF!

Materiales:

1.- Interés. Algunos guionistas aventureros odian el cine y tengo que decir que ese binomio fantástico no presagia nada bueno. Eso sí, se adoran a sí mismos y tienen un montón de ideas autobiográficas. Si eres uno de esos, hazte monologuista… en serio, ahórranoslo.

2.- Creatividad. Si eres uno de esos que has creído tener la idea más innovadora en guiones desde “Memento” mientras mirabas embelesado las caprichosas formas de las baldosas del baño, tengo que darte un par de noticias. La primera, que ya se hizo un plagio. La segunda, que ahora, Christopher Nolan tiene abogados. No lo intentes. “¿Y si es hacia un lado en vez de hacia atrás?” podría preguntar alguien¡Entonces sí, claro que sí! ¡haz una obra maestra!.

3.- Oficio. Lo mismo que nuestro saqueador de dedos momificados de Santa Teresa conoce los pormenores de la anatomía mística, el guionista, en su hábitat natural, no permite a nadie acercarse a su mando a distancia, visiona con deleite horas de cine, series y programas de televisión basura acompañado de alguna bebida bohemia y estudia libros de dramaturgia. Si su verdadero trabajo se lo permite acude a clases y soborna a productores. A veces, si le queda tiempo, escribe guiones.

Empezando:

Como todo el mundo sabe, los guionistas somos personas misteriosas, con capacidades ocultas y poderes comparados a los de Carrie… demoniacos  e imprevisibles. Sabedores de la responsabilidad que ello conlleva y por el bien de la humanidad, nos escondemos en nuestras casas y no nos comunicamos con otros guionistas en la idea de que una acumulación de energías creativas en espacios concurridos podría ser el fin de la existencia de todo lo conocido.

Kevin Williamson... superando a "Dawson Crece"

No pasa nada si estás pensando en escribir un guión en plan: “Acabo de salir de ver “Scream 4″ y yo podría hacerlo mejor”, pero la cosa pasa a mayores si empiezas con afirmaciones como: “Después de varios años analizando “La Poética” creo que estoy preparado”

Entonces, amiguitos, estáis perdidos.

La mañana de autos te levantas de la cama y al mirar tu reflejo en el espejo del baño notas que llevas la marca de la bestia en la frente, pero tranquilo, sólo la ven otros guionistas. Así podrás huir cada vez que reconozcas a uno. No vaya a ser que os crucéis y se desate el Apocalipsis.

A lo que quiero llegar con todo esto es que nunca vais a tener la oportunidad de hablar con otro guionista, así que empezad a conformaros con lo que yo os cuente. Que para vosotros, pequeños visionadores compulsivos de Tarantino os parecerá  más insoportable que la despedida de Frodo en “El retorno del rey” y para vosotros, satánicos adoradores de Haneke os parecerá más caótico que un fallo de racord.

A mí, plin. No se si sabéis que he vendido mi alma al Hombre de Rojo para escribir la obra de ficción perfecta. No puedo perder el tiempo pensando en gente corriente.

Escribiendo:

Cuando yo era pequeña, tenía una profesora. Era una bruja de tres pares y en sus clases prefería explicarnos la necesidad de llevar una buena manicura para triunfar en la vida que otras cosas. De esa mediocre no aprendí más que los quitaesmaltes con acetona no son buenos para las cutículas… pero no nos dispersemos.

De otra maestra menos prosaica aprendí que para ser creativo hay que usar papel. Parece ser que el cerebro responde de diferentes formas según cómo se le excite. Usar papel y boli favorece al escritor. También beber agua y hacerse vegetariano. Eso es opcional, pero ayuda al tránsito.

Syd Field, el gurú de los principiantes.

Y no os puedo contar muchas cosas más sobre la escritura. Es una actividad muy personal y supuestamente ya habéis leído a Syd Field o Robert McKee. Ellos saben más que yo de estas cosas.

Aunque creo que sí que os puedo decir cómo escribir puede destrozar vuestras vidas.

Paso 1.- Decide que tu existencia ha llegado a un punto en el que estás tan confiado y cómodo que es hora de abandonar tu zona segura.

Paso 2.- Renuncia a tu puesto de trabajo como funcionario público. Nada de excedencias, eso no es vivir peligrosamente. Para ser escritor hay que vivir en el filo.

Paso 3.- Enciérrate en tu casa. Haz maratones de películas y series. Tú solo. No puede ser que haya parásitos cerca que hablen mal de George Lucas.

Paso 4.- Escribe una obra maestra después de haber destrozado tu casa, tu coche y la colección de envoltorios de chocolatinas victorianas de gran valor que guardaba tu ser querido más cercano cuando buscabas esas emociones ocultas que todo escritor torturado necesita aflorar.

Paso 5.- Trata de venderla.

Paso 6.- Enséñasela a tu madre. Te cubrirá de besos y dirá sólo para tus oidos que eres lo más lindo y creativo del universo.

Y se acabó.

¿Os habéis dado cuenta de que en el paquete no entra la parte jugosa de los dividendos? y seamos honestos, tu madre es tu madre. Eras un crack cuando tocabas con el piano de Casio una melodía prefijada.

Haciendo limonada

Ya has fracasado en la vida. Como cabría esperar, no te gusta nada. Y cuando una tipeja flacucha va a la cola del paro a hacer encuestas sobre temas sensibles, te conviertes en ese 1% de guionistas que nos da mala reputación a los demás… te detienen, vas a la cárcel y te ocurren esa clase de cosas que si te haces monologuista podrían llenar locales enteros. Las pastillas de jabón siempre hacen gracia, ¿no?

Quedáis advertidos.

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Acerca de La Guionista Famélica

La Guionista Famélica.
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Una respuesta a El primer guión

  1. Anónimo dijo:

    Todo lo que dices es triste y sencillamente cierto… no se si me alegra o me netistece sentirme identificado. Un saludo desde Colombia

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